¿Alguna vez te has parado a pensar en la cantidad de información personal que compartimos y dejamos cada día en internet? Desde un email que enviaste al trabajo con detalles e información importante, datos personales para rellenar un formulario, hasta la foto de tu último viaje de vacaciones con la ubicación, pasando por cada compra que realizas online, cada búsqueda en Google o el tiempo que dedicas en tus redes sociales favoritas.

Las personas vivimos inmersos en un mundo digital que nos aporta una gran cantidad de beneficios inimaginables: nos permite mantener una conexión con amigos y familiares a distancia, nos ofrece recursos y accesibilidad a una gran cantidad de información con tan solo un clic, y podemos gestionar las finanzas desde nuestra casa. Sin hablar de la facilidad con la que podemos realizar compras y ventas.

Pero todo esto tiene un coste, y aquí entra la seguridad. ¿Somos realmente conscientes de la otra cara que supone convivir en este entorno digital?

La huella digital que dejamos
Cada interacción que tenemos en ese entorno digital deja una huella sobre nuestra persona. Ya no hablamos solo de los datos que rellenamos voluntariamente en un formulario, sino también aquellos que se recogen de forma pasiva; cada una de las visitas a una página web queda registrado, cada clic viene monitorizado y cada video que ves se analiza para sacar conclusiones sobre los hábitos del consumidor. Las famosas cookies, esos pequeños archivos que aceptas cuando accedes en una página web también rastrean tus hábitos de navegación.

Por otro lado, muchas de las aplicaciones que tienes instaladas en tu teléfono móvil solicitan permisos para acceder a tu ubicación, a tus contactos, tu micrófono o a la cámara. Y aunque muchas de estas recopilaciones tienen, en la mayoría de los casos, fines legítimos para mejorar la experiencia de usuario o personalizar servicios, es importante leer la letra pequeña y, sobre todo, conocer cómo utilizan esa información a posteriori.

Piensa, por ejemplo, en cómo compartes tu vida en las redes sociales: cuando subes una foto a Instagram no solo estás publicando una imagen, sino que también compartes la ubicación, la fecha y etiquetas a los amigos con quien compartiste ese momento. Toda esta información, aunque inofensiva en muchos casos, implica dejar rastro e información sobre ti y tus hábitos de consumo y de compra, que posteriormente será usada para sacar conclusiones o llegar hasta ti.

Y esto no sucede solo en las redes sociales, también en las plataformas de entretenimiento. ¿Te has dedicado un par de minutos a pensar en cómo funciona la seguridad de las plataformas de ocio digital? Este tema es muy recurrente en plataformas de entretenimiento online donde los datos personales y financieros son aún más delicados. Un ejemplo muy claro se ve en las aplicaciones de citas, las de casino móvil o plataformas de streaming que, ahora aún más presente con las nuevas tecnologías, cualquier persona puede conectarse y disfrutar de estas actividades, en cualquier momento y lugar.

La confianza no debe ser ciega, sino que debes asegurarte antes de que cada una de las plataformas que eliges cuenten con sistemas de seguridad avanzadas, licencias y regulaciones debidamente marcadas que garanticen la protección de tus datos. Este mismo principio se aplica a tu banco online, a tus redes sociales o a cualquier tienda en línea en la que decidas invertir tu tiempo.

Algunos consejos para tener bajo control tu seguridad digital
Aunque no todo es tan negativo como parece, y en ese sentido proteger tu seguridad en internet no es una tarea imposible. No se necesita ser un experto en ciberseguridad o tener conocimientos técnicos, sino más bien tener curiosidad y un poco de sentido común.

La seguridad digital está en manos de todos los usuarios de internet, pero tú eres el encargado de asegurarte de que esté todo bajo control. Aquí te dejamos unos tips que te ayudarán a tomar el control sobre tu vida online:

Elige contraseñas fuertes y únicas, siguiendo los parámetros que te aconsejan. No caigas en la tentación de usar contraseñas tan básicas y fácilmente accesibles como «12345” o tu fecha de nacimiento. Sigue los consejos de cada plataforma, usa combinaciones entre mayúsculas, minúsculas, símbolos y números. Y sobre todo, no uses la misma contraseña para todas las cuentas abiertas.
Revisa la configuración de privacidad de tus aplicaciones. ¿Es realmente necesario que X aplicación tenga que acceder a tu micrófono, ubicación o lista de contactos para poder usarla? Elige bien la información que compartes y da prioridad.
Atención con el phishing. No todos los mensajes que recibes son 100% fiables. Entonces, si recibes un correo o SMS sospechoso que te pide acceder a un enlace externo o te piden datos personales, desconfía; suele ser una de las técnicas más usadas para llevar a cabo hackeos, aunque a día de hoy también se recurre mucho a la inteligencia artificial para llevar a cabo esos ataques. En estos casos, visita la página web o llama al servicio de atención al usuario para informar sobre lo sucedido.