La ciberdefensa ha dejado de ser una capacidad especializada para convertirse en un elemento transversal de las operaciones militares y de seguridad. Esta ha sido una de las principales conclusiones de la mesa redonda “Alineando necesidades estratégicas con capacidades empresariales”, celebrada este pasado martes en el marco del encuentro Santander40 de AMETIC, en la que han participado representantes del Ejército de Tierra, la Armada, el Ejército del Aire y del Espacio y la Guardia Civil.
José Manuel Roy Calvo, general de División y jefe de la Jefatura del Ciberespacio y de los Servicios de Asistencia Técnica del Ejército de Tierra (JCISAT); Manuel Alvargonzález Méndez, contralmirante y jefe de Sistemas de Información y Telecomunicaciones de la Armada; Fernando Carrillo Cremades, general de División y jefe de Servicios Técnicos y Ciberespacio del Ejército del Aire y del Espacio; y José Santiago Martín Gómez, general de División y jefe de la Jefatura de Transformación Digital y Ciberseguridad de la Guardia Civil, han expuesto cómo están reorganizando sus capacidades para responder a un escenario en el que la tecnología, los datos, la inteligencia artificial, los drones y el dominio electromagnético tienen un peso creciente.
Por tierra
En el caso del Ejército de Tierra, una de las novedades destacadas por el general Roy Calvo ha sido la creación, desde el 1 de julio, de un batallón de operaciones en el ciberespacio, integrado en el Regimiento de Guerra Electrónica 31. El objetivo, según ha explicado, es multiplicar por tres las capacidades disponibles hasta ahora.
La nueva estructura se encuentra todavía en fase de implantación, con el proceso de asignación de personal y la posterior incorporación de nodos destinados a proteger las redes específicas del Ejército. A ello se suma la necesidad de formar al personal para desenvolverse en un entorno operacional en el que cada vez será más difícil mantener controlada la superficie de exposición.
El Ejército de Tierra contempla además el ciberespacio junto con otros ámbitos como el espectro electromagnético y la guerra electrónica. En este escenario, la interoperabilidad aparece como una de las prioridades.
“Integración es interoperabilidad”, ha subrayado Roy Calvo, explicando que el Ejército está trabajando con un gemelo digital de una brigada concreta con alrededor de 4.000 combatientes. La herramienta permite probar la incorporación de nuevos sistemas antes de llevarlos al entorno real, teniendo en cuenta que la introducción de cualquier tecnología puede afectar al funcionamiento del conjunto.
La transformación también pasa por la evolución de los sistemas de información hacia arquitecturas basadas en microservicios, con la intención de contar con un elemento tecnológico que permita integrar capacidades diferentes.
El conflicto de Ucrania constituye, además, una referencia para anticipar el tipo de guerra que puede plantearse en el futuro. El Ejército de Tierra está experimentando con inteligencia artificial, robotización y sistemas no tripulados. Roy Calvo ha apuntado a un escenario en el que existe una franja del campo de batalla dominada por drones y en el que los robots empiezan a asumir funciones en el combate próximo.
Para acelerar este proceso, este cuerpo está recurriendo a campañas de experimentación táctica. Asimismo, reclama una mayor implicación de la industria para trasladar rápidamente las nuevas tecnologías al terreno operativo.
Por mar
La Armada plantea la ciberdefensa desde una perspectiva vinculada a la propia naturaleza de las operaciones navales. Manuel Alvargonzález ha explicado que su sistema de ciberdefensa se estructura en tres escalones.
El primero se encuentra en los propios buques. El segundo se sitúa en agrupaciones de cuatro o cinco naves desde las que se puede monitorizar la situación de la batalla, mientras el tercero corresponde a los centros de operaciones fijos en tierra, que prestan apoyo a las unidades desplegadas en el mar. Estos tres niveles se coordinan con el Mando Conjunto del Ciberespacio, en línea con la organización del resto de las Fuerzas Armadas.
La Armada ha incorporado además un mando específico de ciberoperaciones, cuyos primeros alumnos ya se encuentran en formación. La preparación operativa incluye la introducción de incidentes cibernéticos durante los ejercicios y adiestramientos, de manera que los equipos tengan que responder a situaciones similares a las que podrían encontrarse en una operación real.
La llegada de nuevas plataformas también supone una oportunidad para incorporar capacidades digitales desde el diseño. La construcción de nuevas fragatas, por ejemplo, implica una nueva generación de sistemas de captura y explotación de datos.
Otro de los objetivos planteados durante la mesa es avanzar en el uso coordinado de sistemas no tripulados. En este ámbito, la Armada está trabajando en la posibilidad de contar con drones capaces de conectarse entre sí, incrementando las posibilidades de cooperación entre plataformas.
Por aire
Fernando Carrillo ha presentado la evolución del Ejército del Aire y del Espacio mediante la imagen de un “tridente con tres puntas”: el poder aeroespacial, el aire y el ciberespacio.
La incorporación del ciberespacio como una base fundamental de la capacidad militar supone, en su visión, que la transformación digital no puede limitarse a incorporar herramientas tecnológicas, sino que debe modificar la forma en la que se organizan y emplean las capacidades.
Una parte importante de este proceso se articula alrededor de los datos. El Ejército ha desarrollado un centro en Zaragoza para trasladar la transformación digital al ámbito operativo y ha creado multitud de aplicaciones relacionadas con cuestiones como la seguridad de vuelo, la gestión del espacio aéreo y la gestión de las operaciones.
Entre los proyectos mencionados se encuentra también la integración de la disponibilidad operativa con la disponibilidad del personal, así como el entrenamiento mediante simulación distribuida. En uno de los ejemplos citados, un Eurofighter y simuladores de F-18 y de otras plataformas pueden integrarse en un mismo ejercicio para constituir virtualmente un equipo de combate.
La transformación alcanza también a la logística, con el desarrollo previsto de un sistema de apoyo que permita incorporar conceptos asociados a la Industria 5.0.
El espacio es otro de los ámbitos en los que el Ejército del Aire y del Espacio está desarrollando capacidades. Según ha contado Carrillo, ya dispone de un radar para vigilancia espacial y participa en consorcios europeos. El siguiente paso pasa por completar estas capacidades con sistemas destinados al conocimiento y control de la situación espacial.
En el ámbito de la ciberseguridad, el general ha destacado retos como la criptografía postcuántica, la identidad digital y la necesidad de mantener el ritmo de evolución tecnológica para conseguir que todas las capacidades alcancen los niveles de seguridad requeridos.
Por los ciudadanos
La Guardia Civil está afrontando la transformación digital desde una perspectiva diferente, aunque comparte muchos de los retos con las Fuerzas Armadas. José Santiago Martín Gómez ha puesto el foco en la necesidad de conocer primero las vulnerabilidades y los procesos críticos antes de decidir qué tecnología incorporar.
“No es tanto dotarse de tecnología sino saber cuáles son nuestros puntos críticos”, ha apostillado, señalando que además de armarse tecnológicamente es muy importante que haya «personas preparadas y comprometidas con su utilización».
En este sentido, la Guardia Civil ha desarrollado un Plan Estratégico de Competencias Digitales y ha formado ya a más de 20.000 agentes para mejorar sus conocimientos sobre este nuevo entorno de seguridad. La formación se complementa con ciberjercicios y programas destinados a poner en práctica los conocimientos adquiridos.
El reto es especialmente relevante para un cuerpo que debe responder a una criminalidad que cada vez tiene mayor presencia en Internet. «Muchos delitos se han trasladado al ámbito digital y algunos de los más graves afectan a menores», ha comentado el general, quien se estrenó en su cargo en abril. A ello se suma que la inteligencia artificial está reduciendo las barreras de entrada para los atacantes, facilitando que actores con menos conocimientos y recursos puedan disponer de herramientas muy potentes para llevar a cabo sus ciberataques.
Ante este escenario, la Guardia Civil está reforzando el uso del dato y la capacidad para procesar grandes volúmenes de información. La organización ha creado una nueva jefatura destinada a proporcionar coherencia al conjunto de iniciativas tecnológicas que se encuentran en diferentes fases de maduración y evitar que los proyectos evolucionen de forma aislada.
El dato, la interoperabilidad y las personas, en el centro
Aunque las necesidades operativas de los cuatro cuerpos son diferentes, las intervenciones han mostrado varios puntos en común.
Uno de ellos es la necesidad de integrar sistemas y datos. La creciente cantidad de sensores, plataformas, aplicaciones y dispositivos exige arquitecturas capaces de compartir información y operar conjuntamente. De ahí la importancia que adquieren conceptos como los microservicios, los gemelos digitales o los sistemas distribuidos.
Otro elemento compartido es la formación. La tecnología por sí sola no resuelve los problemas de seguridad. Las nuevas capacidades necesitan personal que sepa utilizarlas y organizaciones capaces de integrarlas en sus procedimientos.
También existe un reto relacionado con la velocidad. El ritmo al que aparecen nuevas tecnologías —desde la inteligencia artificial hasta los drones, la robotización o la criptografía postcuántica— obliga a reducir los tiempos entre la identificación de una necesidad y su incorporación a las capacidades operativas.
En este contexto, la relación con la industria adquiere una importancia creciente. El Ejército de Tierra, la Armada, el Ejército del Aire y del Espacio y la Guardia Civil necesitan tecnologías que puedan evolucionar con rapidez y adaptarse a escenarios cambiantes, pero también sistemas que puedan integrarse con las capacidades ya existentes.
La conclusión compartida en Santander apunta, por tanto, a una transformación que va más allá de la digitalización de procesos. El objetivo es construir capacidades operativas digitales, interoperables y escalables, capaces de responder a un escenario en el que las amenazas ya no se limitan a los dominios tradicionales.

