La inteligencia artificial (IA) lleva tiempo formando parte del arsenal de los ciberdelincuentes, pero su papel ha cambiado radicalmente. Ya no actúa como un simple apoyo para mejorar ataques, ahora es el motor de una nueva etapa de la cibercriminalidad. Así lo pone de manifiesto el informe «Weaponized AI: Inside the criminal ecosystem fuelling the fifth wave of cybercrime», elaborado por Group-IB, que describe cómo los actores maliciosos están utilizando la IA para automatizar, abaratar y escalar ataques con una facilidad sin precedentes.
Los datos del informe son elocuentes. Entre 2019 y 2025, las menciones a la inteligencia artificial en foros de la dark web crecieron un 371%, y las respuestas a estos hilos aumentaron hasta un 1199%, un claro indicador de la adopción acelerada de esta tecnología por parte de los ciberdelincuentes.
«En la actualidad, los atacantes están industrializando la IA, convirtiendo habilidades que antes eran especializadas –como la persuasión, la suplantación de identidad o el desarrollo de malware– en servicios bajo demanda accesibles para cualquiera», advierte Group-IB.
La consecuencia directa de esta evolución es un ecosistema criminal más profesionalizado, más accesible y mucho más difícil de rastrear. Según Group‑IB, la IA ya no solo amplifica las capacidades de los atacantes, sino que redefine la forma misma en la que se planifican y ejecutan los delitos digitales. Lo que antes requería conocimientos técnicos avanzados o semanas de preparación, ahora puede adquirirse como un servicio, ejecutarse en minutos y escalarse a miles de víctimas simultáneamente.
LLMs oscuros: el nuevo software delictivo
Uno de los fenómenos más preocupantes es la proliferación de los llamados dark LLMs, modelos de lenguaje sin restricciones éticas específicamente diseñados para actividades ilícitas. Estas herramientas, alojadas en servidores propios para evitar el rastreo, se comercializan como servicios de suscripción, con precios que oscilan entre los 30 y los 200 dólares mensuales.
Estos modelos permiten generar código malicioso, redactar campañas de phishing altamente personalizadas, automatizar campañas maliciosas o identificar vulnerabilidades explotables. Group-IB ha identificado al menos a tres proveedores activos que ofrecen LLM oscuros, que cuentan con una base de clientes que supera los 1.000 usuarios. Según la compañía, los dark LLMs se han convertido en parte de la «infraestructura básica» del crimen digital, constituyendo un salto cualitativo respecto a los primeros intentos de manipular chatbots comerciales.
Jailbreaks y explotación de modelos legítimos
Junto a la proliferación de los LLMs oscuros, el informe documenta un auge del mercado de técnicas de jailbreaking, que permiten que modelos de lenguaje legítimos generen contenido prohibido, inseguro o malicioso.
Este tipo de paquetes se venden por 30 dólares e incluyen guías para eludir los mecanismos de protección de plataformas de IA ampliamente conocidas, así como plantillas reutilizables. Group-IB constató que, a finales del tercer trimestre de 2025, el volumen de estas publicaciones casi igualaba el total de todo 2024, centradas principalmente en ChatGPT y modelos de OpenAI.
Deepfakes como servicio: kits de identidad sintética por 5 dólares
Otro de los pilares de esta quinta ola de la ciberdelincuencia es la explosión del deepfake-as-a-service. Group-IB ha detectado un mercado floreciente de «kits de identidad sintética» que ofrecen actores de vídeo generados por IA, voces clonadas e incluso conjuntos de datos biométricos por tan solo 5 dólares.
Los atacantes necesitan apenas 10 segundos de audio para clonar voces convincentes y ejecutar estafas basadas en la suplantación de identidad, tanto a nivel personal como corporativo. Solo entre enero y agosto de 2025, se identificaron más de 8.000 intentos de fraudes con deepfakes, que en el segundo trimestre del año causaron unas pérdidas de 347 millones de dólares.
Phishing automatizado y call centers fraudulentos
La IA también está redefiniendo el phishing. Herramientas como SpamGPT funcionan como agentes autónomos capaces de generar correos, páginas falsas y mensajes personalizados para cada víctima. En paralelo operan los call centers fraudulentos, que integran voces sintéticas, análisis en tiempo real y sistemas de coaching para operadores humanos, lo que incrementa la credibilidad de las estafas.

