El grupo de ransomware Conti dejó de operar hace años, pero las consecuencias de su actividad siguen llegando a los tribunales. 

Lytvynenko se declaró culpable el pasado 10 de junio de los delitos de conspiración para cometer fraude electrónico y despliegue del ransomware Conti. 

Según el Departamento de Justicia estadounidense, el acusado participó en el robo de información de las víctimas y en el desarrollo de herramientas utilizadas por la organización para llevar a cabo sus extorsiones.

El alcance de la operación da una idea de la dimensión que llegó a adquirir Conti. Entre 2020 y 2022, la banda atacó redes y sistemas informáticos de hospitales (incluyendo un gran ataque al sistema sanitario irlandés), centros educativos, empresas y administraciones públicas de todo el mundo. 

Los investigadores han identificado al menos 859 víctimas distribuidas en 31 países distintos, mientras que el FBI calcula que las organizaciones afectadas llegaron a pagar más de 150 millones de dólares en rescates.

Una caída marcada por las filtraciones

La actividad de Lytvynenko no terminó inmediatamente con la desaparición de Conti. Aunque el grupo comenzó a desmontar su infraestructura en 2022, el acusado habría seguido vinculado a operaciones de ransomware hasta su detención, en julio de 2023. Por aquel entonces residía en Cork, Irlanda, donde permaneció varios años en prisión mientras recurría su extradición a EE.UU.

La historia de Conti comenzó a torcerse después de que la organización mostrara públicamente su apoyo a la invasión rusa de Ucrania. La posición provocó tensiones internas entre sus integrantes y terminó acelerando la salida de algunos de ellos hacia otros grupos criminales más pequeños, entre ellos BlackCat/ALPHV y Hive.

El golpe definitivo llegó cuando una persona que se identificó como ContiLeaks hizo públicos documentos internos de la organización, además de su código fuente, manuales técnicos, herramientas y detalles sobre su infraestructura. La filtración permitió conocer mejor el funcionamiento interno de una de las bandas de ransomware más peligrosas de su época y contribuyó a acelerar su desintegración.

Ahora, con Lytvynenko condenado, la justicia estadounidense ha puesto nombre y rostro a uno de los participantes en aquella maquinaria criminal. El Departamento de Justicia ha advertido de que quienes desarrollen, desplieguen o se beneficien de malware como Conti tendrán que afrontar consecuencias penales, incluso cuando las organizaciones para las que trabajaron hayan dejado de existir.