Las gafas inteligentes son, por ahora, un gadget cuyo uso no está demasiado extendido entre la población, pero ante su creciente adopción algunos organismos están emitiendo advertencias sobre su utilización.
La Autoriteit Persoonsgegevens (AP), el organismo que vela por la protección de datos en Países Bajos, ha pedido prohibir el uso de gafas inteligentes con cámara en lugares sensibles, como hospitales, tribunales y edificios religiosos.

La AP recuerda que, a diferencia de lo que ocurre con las cámaras convencionales, resulta muy difícil para los transeúntes saber cuándo alguien está usando sus smart glasses para grabar vídeo o analizar el entorno.

El regulador ha recordado que compartir imágenes en redes sociales sin el consentimiento explícito de las personas identificables vulnera la legislación europea de protección de datos. 

«Las personas deberían poder caminar libremente por la calle sin tener que preocuparse de que alguien las grabe en secreto y luego comparta las imágenes o las publique en internet. El RGPD protege específicamente a las personas que son grabadas sin su consentimiento», afirma Katja Mur, miembro del Consejo de Administración de la mencionada autoridad neerlandesa, en un comunicado. 

«A los transeúntes les resulta difícil distinguir si alguien solo los está mirando o también los está filmando. Por ello, la mayoría de los fabricantes han incorporado una pequeña luz en el marco que se ilumina al grabar. Sin embargo, dicha luz no es suficiente para informar a las personas sobre el procesamiento de sus datos personales», según afirma la AP.

El regulador insta directamente a los propietarios y administradores de instalaciones como hospitales, juzgados o lugares religiosos a prohibir el uso de smart glasses con cámara en sus normas y reglamentos, con el fin de que las personas no sean filmadas sin autorización. 

Para más inri, los modelos de gafas más recientes incorporan asistentes de inteligencia artificial (IA) que analizan en tiempo real lo que ve el usuario, además de presentar vulnerabilidades que podrían facilitar a terceros el acceso a grabaciones, fotos o datos personales sin contraseña, según recuerda la institución de privacidad de Países Bajos.

«Los dispositivos wearables ya no se limitan a alterar y medir los datos personales del usuario. Las gafas con cámara pueden recopilar datos sobre las personas de su entorno. Estas personas no lo han elegido. El RGPD ofrece protección precisamente para ellas», insiste. 

Para la AP, la privacidad comienza con el diseño. Así, pide a los fabricantes y proveedores que tengan en cuenta también la protección de datos personales. Por ejemplo, indicando cuándo está activa una cámara o una función de IA, impidiendo la manipulación de dicha información y no procesando más datos personales de los necesarios.  

Ya ocurrió con las Google Glass

Este tipo de debate no es, para nada, nuevo. En su día (hace casi 15 años) Google Glass ya sufrió problemas similares que acabaron haciendo que el dispositivo se quedara solo para su utilización entre desarrolladores (‘exploradores’) y finalmente pasara a mejor vida. 

De hecho, puede decirse que el asunto de la privacidad ocasionó al wearable infinidad de trabas que llevaron a la firma de Mountain View a retirarlo paulatinamente del mercado.